Me parece que podemos hacer una clara distinción entre dos clases muy diferentes de conocimiento: el conocimiento de “segunda mano”, que no es más que pura información obtenida a través de lecturas, manifestaciones de otras personas, de lo que hemos oído, de lo que damos por supuesto o, incluso, el que es producto de una elaboración más o menos intelectual; y el conocimiento directo, que toma como fuente la propia experiencia personal. Si fuéramos más honestos, además de hablar muchísimo menos (algún día me gustaría tratar el asunto del “noble silencio”, uno de los tópicos más bellos del buddhismo) deberíamos tratar casi exclusivamente de aquellas situaciones que hemos vivido en primera persona, que conocemos por nosotros mismos, de “primera mano”…