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Historias del Dhammapada (Versos Gemelos)
La historia de dos Amigos (Versos 19 y 20)
Mientras residía en el monasterio de Jetavana el Buddha pronunció este verso en referencia a dos monjes quienes eran amigos.
En Sāvatthi vivían dos hombres jóvenes de noble familia que eran amigos inseparables. En una cierta ocasión fueron al monasterio a escuchar al Maestro exponer la Ley, renunciaron al mundo e inclinaron la mente hacia la Enseñanza del Buddha y se volvieron monjes. Cuando cumplieron una residencia de cinco años con preceptores y maestros, se acercaron al Maestro y preguntaron por los deberes en a religión. Después de escuchar en detalle los deberes de la meditación y los deberes del estudio, uno de ellos dijo, “Venerable dado que me he hecho monje en edad avanzada, no seré capaz de completar el deber del estudio, pero puedo completar el deber de la meditación.” Así que el Maestro lo instruyó en la meditación que conduce al estado de Arahat y después de esforzarse y dedicarse, alcanzó el estado de Arahat junto con poderes sobrenaturales.. Pero el otro dijo, “Yo completaré el deber del estudio.” Adquirió maestría en la Palabra del Buddha el Tipitaka y a donde quiera que iba enseñaba la Ley y la entonaba. Fue de sitio en sitio recitando la Ley a quinientos monjes y fue el preceptor de dieciocho comunidades de monjes.
Ahora, una compañía de monjes, habiendo obtenido una fórmula de meditación del Maestro, fueron al lugar donde residía el monje mayor y bajo una observación segura de sus instrucciones alcanzaron el estado de Arahat. Por lo tanto rindieron homenaje al Venerable y le dijeron, “Nosotros deseamos ver al Maestro.” Y el Venerable les contestó, “Vayan, y en mi nombre den mis saludos al Buddha y a los ochenta Venerables principales, y den mis saludos a mi amigo diciendo, ‘Nuestro maestro le manda saludos.’” Cuando dieron sus saludos a su amigo el les dijo, “¿quién es él?” Y los monjes le contestaron, “Él es su apreciado amigo monje, Venerable.” Luego el monje más joven dijo, “Pero ¿qué han aprendido de él, algo del Dīgha Nikāya o de otros Nikāyas, han aprendido tan sólo un Nikāya? De la tres canastas, ¿han aprendido algo por lo menos una Pitaka?” Y el pensó. “Este monje no sabe ni una sola estrofa que contenga cuatro versos. Tan pronto como se hizo monje tomó sus ropas y entró en el bosque y gano numerosos pupilos. Cuando el regrese, es bueno para mí que le haga algunas preguntas.” Tiempo después el monje más grande fue a ver a el Buddha y después de dar sus saludos y respetos al Buddha y a los Venerables principales, regresó a su la habitación de su compañero. El monje más joven le mostró las atenciones acostumbradas y le dio un asiento del mismo tamaño que el de él y luego se sentó pensando, “Le haré una pregunta.”
En ese momento el Buddha pensó, “Este monje debería desistir de molestar a mi hijo ya que podría reconectar en el infierno.” Así que lleno de compasión hacia él, fue a donde se encontraban ambos sentados y se sentó en el asiento preparado para él. (Ya que dondequiera que se sentaban los monjes, primero preparaban un asiento para el Buddha y sólo hasta que hacían esto se sentaban.) Por lo tanto, el Buddha se sentó en su asiento y le pregunto al monje que había tomado el deber del estudio sobre el primer estado de jhana, cuando el monje más joven contestó correctamente, el Maestro le preguntó sobre el segundo jhana, sobre los ocho logros y acerca de los mundos de la forma y los mundos sin forma, a las cuales él contestó correctamente a todas. Luego el Maestro preguntó sobre el Sendero pero él no pudo contestar. Por lo tanto el Buddha preguntó al monje que era un Arahat quien le dio inmediatamente la respuesta correcta.
“Bien hecho, bien hecho, monje.” Le dijo el Maestro muy complacido. El maestro luego pregunto sobre los siguientes Senderos en orden. El monje que había tomado el deber del estudio fue incapaz de contestar una sola pregunta mientras que el monje que era un Arahat contestó a todas correctamente. En una de cuatro ocasiones le otorgó aplauso. Escuchando esto, todas las deidades, desde los dioses de la tierra a los dioses del mundo de Brahma, incluyendo Nāgas y Garudās mandaron su aplauso.
Escuchando este cumplido, los pupilos y los compañeros residentes se sintieron ofendidos y dijeron, “¿Por qué el Buddha hace esto? Él otorga cumplido al monje mayor que no sabe nada en una de cuatro ocasiones. Pero a nuestro maestro quien sabe toda la Palabra Sagrada de memoria y está a la cabeza de quinientos monjes, no le ha dado cumplido en lo absoluto.” Luego el Maestro les dijo, “Monjes, su propio maestro está en mi doctrina como un hombre que atiende vacas ajenas. Pero mi hijo es como el dueño que disfruta de los cinco productos de la vaca.” Entonces el otro monje pensó que no sabía tanto como pensaba y decidió ser uno que practica el Dhamma. El Buddha pronunció este verso:

Aun cuando recita mucho la Escritura, el hombre negligente que no la practica es como el vaquero que cuenta vacas ajenas. No es partícipe de los beneficios de la vida ascética.
Aun cuando recita poco la Escritura, si vive de acuerdo con el Dhamma, abandonando la pasión, el odio y la ignorancia, comprendiendo correctamente, con una mente bien liberada, no adhiriéndose aquí ni al más allá, éste es partícipe de los beneficios de la vida ascética.
La historia de Sumanādevi (Verso 18)
Mientras residía en el monasterio de Jetavana en Sāvatthi, el Buddha pronunció este verso en referencia a Sumanādevi, la hija menor de Anāthapiṇḍika.Todos los días dos mil monjes tomaban su almuerzo en la casa de Anāthapiṇḍika en Sāvatthi, y un número similar en la casa de la eminente discípula laica Visākhā. Quien quiera que deseara dar ofrecimientos en Sāvatthi, acostumbraban hacerlo después de obtener el permiso de estos dos, ¿cuál es la razón de esto? Porque, aunque una suma de cien mil sea gastada en caridad, los monjes solían preguntar: “¿Ha venido Anāthapiṇḍika o Visākhā a nuestro comedor?” si se decía, “Ellos no han venido”, solían expresar palabras de desaprobación, ya que ambos, sabían exactamente que le gustaba a la congregación de los monjes y también sabían que se debía de hacer de acuerdo con la ocasión. Cuando ellos supervisaban, los monjes podían tomar alimentos de acuerdo a sus gustos, por lo tanto, aquellos que deseaban dar ofrecimientos solían llevar consigo a alguno de ellos. Como resultado de eso, Anāthapiṇḍika y Visākhā no tenían la oportunidad de recibir a los monjes en su propia casa.
Por lo tanto, Visākhā designó a su nieta para que tomara su lugar para ofrecer alimento a los monjes en su casa. Anāthapiṇḍika hizo lo mismo con su hija mayor Mahā Subhadda, la designo como encargada en su ausencia. Mientras ella atendía a los monjes escuchaba el Dhamma. Como resultado obtuvo el estado de sotapanna y después se casó y se fue a vivir a la casa de su esposo. Luego, él designo a Culla Subhaddā, quien siguió el ejemplo de su hermana mayor, alcanzó el estado de sotapanna, se casó y se fue a vivir a la casa de su esposo. Finalmente el designo a su hija menor Sumanā como encargada en su ausencia. Ella alcanzó el segundo estado de fruición de sakadagami.
Debido a que ella era sólo una joven, se vio afectada por una severa enfermedad que la hizo dejar de tomar sus alimentos y deseando ver a su padre mandó por él.

Anāthapiṇḍika recibió el mensaje mientras estaba en un comedor. Inmediatamente cuando llegó, se dirigió a ella diciéndole, “Querida hija Sumanā, ¿qué sucede?” y ella le respondió, “Querido hermano menor, ¿qué dices?”
“Querida hija, hablas incoherentemente.”
“Hermano menor, no estoy hablando incoherentemente.”
“Querida hija, ¿acaso tienes miedo?”
“Hermano menor, no tengo miedo.”
No dijo nada más y murió inmediatamente. El banquero, aunque había alcanzado el estado de sotapanna, no pudo evitar sentir gran pena por su hija y habiendo realizado los ritos funerales de su hija, se dirigió en llanto a ver al Maestro. El Buddha le dijo, “Dueño de casa, ¿qué te hace venir triste y deprimido, llorando, con lágrimas en los ojos?” él le contestó, “Señor, mi hija Sumanā murió.”
“Pero porque te lamentas, ¿no es la muerte certera para todos los seres?”
“Venerable, eso lo sé, pero el hecho de que mi hija, quien era tan conciente del sentido de pena y temor a lo malo, no fue capaz de mantener su compostura, hablando delirios en el momento de su muerte, me ha hecho deprimirme.”
“Pero venerable banquero, ¿qué fue lo que dijo tu hija menor?”
“Venerable, yo me dirigí a ella como querida Sumanā y ella me contestó, ‘Querido hermano menor, ¿qué dices?’, luego yo le dije, ‘Querida hija, hablas incoherentemente.’ ‘Hermano menor, no estoy hablando incoherentemente.’ luego le dije ‘Querida hija, ¿acaso tienes miedo?’ y ella me dijo ‘Hermano menor, no tengo miedo.’ Luego no dijo nada más y murió.”
Y el Bendito le dijo a Anāthapiṇḍika, “Venerable banquero, tu hija no hablaba incoherentemente.”
“Pero, entonces ¿por qué habló así ella?”
“Solamente porque tú eras su hermano menor. Dueño de casa, tu hija era mayor en los senderos y los frutos, porque mientras tú has alcanzado el estado de sotapanna, tu hija había alcanzado un sendero y fruto mayor, por eso es que habló así.”
“Venerable, ¿fue por eso que ella habló así?” Y el Maestro confirmo diciendo, “Dueño de casa, esa fue la razón.”
“Venerable, ¿dónde ha reconectado ella ahora?”
“En el mundo de los dioses de Tusita, dueño de casa.” Luego el banquero remarcó, “Venerable, habiéndose regocijado aquí en este mundo, entre sus familiares, ahora de nuevo, después de morir, mi hija ha reconectado en un lugar de regocijo.” Por lo que el Maestro le dijo, “Sí banquero, el diligente, sean dueños de casa o samanas, ciertamente se regocijan en este mundo así como en el siguiente,” luego, pronunció este verso:
Aquí se deleita, en el más allá se deleita. En ambos lugares el bienhechor se deleita. [Pensando] “he hecho bien”, se deleita. Ido a un buen destino, aún más se deleita.
Otra historia de Devadatta (Verso 17)
Mientras residía en el monasterio de Jetavana en Sāvatthi, el Buddha pronunció este verso en referencia a Devadatta.
En una ocasión Devadatta se encontraba residiendo con el Buddha en Kosambi. Mientras estaba ahí, se dio cuenta de que el Buddha estaba recibiendo mucho respeto y honores así como ofrendas. Él envidió al Buddha y deseo ser la cabeza de la Orden de monjes. Un día, mientras el Buddha se encontraba enseñando en el monasterio de Veluvana en Rājagaha, se acercó al Buddha y le sugirió, bajo el argumento de que cuando el Buddha se hiciera viejo, que la Orden de monjes debía ser encomendada a su cuidado. El Buddha rechazó su oferta y lo reprendió diciéndole que no era adecuado para mantener tal responsabilidad. Luego, el Buddha pidió al Sangha que llevara a cabo un acto de proclamación (pakāsaniya kamma) en referencia a Devadatta, eso quiere decir que, en cuanto a un miembro que declara que como su conducta era de una clase antes y es de otra clase ahora, de allí en adelante todas sus acciones físicas y verbales son sólo suyas y no tienen nada que ver con Buddha, el Dhamma y el Sangha.
Devadatta se sintió apenado y juró venganza contra el Buddha. Tres veces él intentó matar al Buddha: primero, por medio de unos arqueros; segundo, subiendo la colina de Gijjhakūta y empujando cuesta abajo una gran roca en dirección al Buddha; y la tercera, causando que el elefante Nālāgiri atacara al Buddha. Pero los asesinos contratados en lugar de atacarlo, se convirtieron en sus discípulos. La gran roca que rodó por la colina a causa de Devadatta, sólo lastimó un poco el dedo mayor de uno de sus pies.
Ycuando el elefante Nālāgiri se abalanzó, éste se volvió dócil por el Buddha. Por lo tanto Devadatta falló en matar al Buddha, así que trato con otra táctica. Trató de crear una ruptura en la Orden monástica tomando algunos monjes recién admitidos y llevándolos con él a Gayāsīsa; sin embargo, la mayoría de ellos fueron traídos de vuelta por los discípulos jefes Sāriputta y Mahā Moggallāna.
Devadatta cayó enfermo. Su enfermedad duró nueve meses; al final, deseando ver al Buddha, él dijo a sus propios discípulos, “Deseo ver al Buddha, hagan posible que pueda verlo.” Ellos le contestaron, “Cuando gozabas de buena salud te conducías en enemistad al Buddha, nosotros no te llevaremos con él.” Devadatta dijo, “En verdad he creado odio hacia el Buddha, pero el Buddha no ha guardado tanto ni la punta de un cabello de odio hacia mí.” Así subsecuentemente, emprendió el viaje hacia el monasterio de Jetavana.
Escuchando que Devadatta venía en camino, el Buddha le dijo a sus discípulos que Devadatta nunca obtendría la oportunidad de verlo. Cuando Devadatta y su séquito llegaron la laguna en zona del monasterio de Jetavana, los cargadores bajaron el asiento de Devadatta para ir a tomar un baño. Devadatta también se levantó de su asiento y puso los dos pies en la tierra. Inmediatamente, sus pies se hundieron en la tierra y fue gradualmente tragado. Devadatta no tuvo la oportunidad de ver al Buddha debido a sus acciones insanas que había cometido en contra del Buddha. Después de su muerte, reconectó en el infierno de Avici, un lugar de intenso tormento.
El Buddha pronunció este verso:
Aquí se atormenta, en el más allá se atormenta. En ambos lugares el malhechor se atormenta. [Pensando] “he hecho mal”, se atormenta. Ido a un mal destino, aún más se atormenta.
La historia de Dhammika Upāsaka (verso 16)
Mientras residía en Sāvatthi, el Buddha pronunció este verso en referencia a Dhammika, un discípulo laico.
Una vez vivía en Sāvatthi, un discípulo laico llamado Dhammika, quien era virtuoso y muy dedicado a la generosidad. Él, generosamente ofrecía comida y otros requisitos a los monjes regularmente y también en ocasiones especiales. Él era, de hecho, el líder de quinientos discípulos laicos virtuosos del Buddha que vivían en Sāvatthi. Dhammika tenía siete hijos y siete hijas y todos ellos, como su padre, eran virtuosos y devotos de la generosidad. Cuando Dhammika estaba muy enfermo y estaba en su lecho de muerte, él hizo la petición a el Sangha de que vinieran a un lado de cama y recitaran los textos sagrados. Mientras los monjes estaban recitando el Mahāsatipaṭṭhana Sutta, seis carretas decoradas de los mundos celestiales llegaron a el lugar para invitarlo a sus respectivos mundos. Dhammika les pidió que esperaran por un momento por temor a interrumpir la recitación del Sutta. Los monjes pensando que se les estaba pidiendo que se detuvieran, se detuvieron y dejaron el lugar.
Un poco después, Dhammika le dijo a sus hijos acerca de las seis carretas decoradas del mundo de Tusita y le pidió a uno de sus hijos que les lanzara una guirnalda. Así hizo el hijo y lanzó la corona de flores, y ésta, quedó colgada del poste de una de las carretas suspendida en el aire.
La gente ahí reunida, vio la corona de flores suspendida en el aire, pero no vieron las carretas. Entonces Dhammika dijo, “¿Pueden ver esta corona de flores?” “Sí, la vemos.” “Esta corona cuelga suspendida de la carreta que viene del mundo de los dioses de Tusita; no se alarmen. Si desean renacer conmigo, hagan obras de mérito como yo he hecho.” Luego, él murió y reconectó en el mundo de Tusita. Por lo tanto, los hombres virtuosos se regocijaron tanto en este mundo como en el siguiente. Cuando los monjes llegaron al monasterio, el Buddha les pregunto, “Monjes, el discípulo laico Dhammika escucho el Dhamma?” “Sí, Venerable- Pero en medio de la recitación él dijo, ‘¡Esperen, esperen!’ y nos detuvo. Luego sus hijos e hijas comenzaron a llorar, con lo cual, nos retiramos.” “Monjes, él no les estaba hablando a ustedes, de los seis mundos de los dioses seis deidades se aproximaron en seis carretas magníficamente adornadas invitando al discípulo laico a ir con ellos; pero el discípulo laico no queriendo que el Dhamma fuera interrumpido, les habló así.” “¿Es eso cierto, Venerable?” “Eso es cierto, monjes.” “Venerable, ¿dónde reconecto él?” “Él reconectó en el mundo de los dioses de Tusita.”
“Venerable, pero él vivió entre su gente regocijado y ahora recientemente, él fue a otro lugar de regocijo y ahí reconectó.” “Sí, monjes. Aquellos que son diligentes, sean hombres laicos o monjes, se regocijan en ambos lugares por igual.”
Y pronunció este verso:
Aquí se regocija, en el más allá se regocija. En ambos lugares el bienhechor se regocija. Él se regocija mucho viendo su acción pura.
La historia de Cundasūkarita (Verso 15)
Mientras residía en el monasterio de Veluvana en Rājagaha el Buddha pronunció este verso en referencia a Chunda el carnicero de cerdos.
Aunque el Buddha estaba residiendo en un monasterio vecino, Cunda, ni un solo día rindió honores, como ofrecer un puñado de flores o una cucharada de arroz, no hizo ni una sola acción de mérito.
Un día, él fue atacado por la locura y mientras permanecía vivo, el fuego del plano
de sufrimiento surgió frente a él. Cuando esto sucedió, El comportamiento de Cunda el carnicero de cerdos, se modificó de acuerdo con sus acciones pasadas. Aun mientras permanecía dentro de su casa, él comenzó a gruñir como un cerdo y a arrastrarse en sus manos y sus rodillas, primero hacia el frente de la casa y luego hacia la parte trasera. Los hombres de su casa lo dominaron y lo amordazaron. Pero a pesar de todo lo que hicieron (dado que es imposible para cualquiera prevenir que las acciones pasadas den su fruto), él siguió arrastrándose para adelante y para atrás y gruñendo como un cerdo constantemente.
Ni una sola persona pudo dormir en las siete casa aledañas. Los miembros de su propia casa, aterrorizados por miedo de muerte, incapaces de prevenir de otra forma que se saliera, cerraron con barricadas las puertas de la casa de manera que no fuera capaz de salir. Habiendo tenido este sufrimiento a lo largo de siete días, él murió y renació en Avici niraya (un plano de sufrimiento, un infierno).
Algunos monjes le dijeron al Buddha, “Venerable, por siete días, la puerta de la casa de Cunda el carnicero de cerdos, ha permanecido cerrada y por siete días la matanza de cerdos ha seguido adelante; sin duda él busca recibir algunos invitados. Nunca antes se había visto un ser tan cruel y salvaje.”
Luego, el Buddha dijo, “Monjes, él no ha estado matando cerdos estos siete días. Una pena atribuida a sus acciones pasadas se ha apoderado de él. Incluso mientras él continúa con vida, el tormento del infierno surge ante él. Por razón de este tormento, él se arrastro de aquí a allá en su casa por siete días gruñendo y chillando como un cerdo. Hoy murió y renació en el infierno.” Cuando el Buddha dijo esto, los monjes dijeron, “Venerable Señor, habiendo sufrido esto aquí en este mundo, él fue de nuevo a un lugar de sufrimiento y renació ahí.”
El Buddha pronunció este verso:
Aquí se lamenta, en el más allá se lamenta. En ambos lugares el malhechor se lamenta. Él se lamenta, él se aflige viendo su acción impura.
La historia de Nanda (Versos 13 y 14)
Mientras residía en Sāvatthi, el Buddha pronuncio estos versos en referencia a Nanda, un primo del Buddha.
El Venerable Kāludāyi, sabiendo que era el tiempo propicio para que el Buddha fuera a ver a su padre, describió la belleza del camino y condujo al Buddha con su séquito de numerosos Arahants hacia Kapilapura. Y ahí, en compañía de sus parientes, relató la jātaka de Vessantara. En el siguiente día entró a la ciudad por ofrecimientos y al pronunciar la estrofa, “Un hombre debe exhortarse a si mismo y no debería vivir la vida de la negligencia,” su padre se estableció en el fruto de la conversión; y al recitar la estrofa, “Un hombre debe vivir correctamente,” Mahā Pajāpati se estableció en el fruto de la conversión y su padre se estableció en el segundo sendero.
En el siguiente día, mientras la ceremonia de casamiento del príncipe Nanda estaba en progreso, el Buddha entró en la casa por ofrecimientos, puso su tazón en las manos del príncipe Nanda y le deseo buena suerte. Luego, levantándose de su asiento, partió sin tomar su tazón de las manos del príncipe Nanda. Lleno de reverencia hacia el Buddha, el príncipe Nanda no se atrevió a decir, “Venerable, reciba su tazón,” sino que pensó, “Él tomará su tazón al principio de las escaleras.” Pero aun cuando el Buddha alcanzó el principio de las escaleras no tomó su tazón. Entonces Nanda pensó, “Él tomará su tazón al final de las escaleras.” Pero el Buddha no tomó su tazón ni siquiera ahí. Luego, Nanda pensó, “Él tomará su tazón en el patio del palacio.” Pero el Buddha tampoco tomó su tazón ahí. El príncipe Nanda deseaba fuertemente regresar con su novia y siguió al Buddha en contra de su voluntad. Pero era tan grande su reverencia hacia el Buddha que no se atrevió a decir, “Reciba su tazón,” sino que continuó siguiéndolo pensando, “¡Él tomará su tazón aquí! ¡Él tomará su tazón aquí! ¡Él tomará su tazón aquí!.”

Aquí se ve a Nanda volviendo
la vista hacia su novia que deja
atrás mientras sigue al Buddha.
En ese momento le llevaron las palabras a la novia Janapada Kalyāni (la bella del país), “Mi señora, el Sublime (el Buddha) se ha llevado lejos al príncipe Nanda; es su propósito privarla a usted de él.” Por lo tanto Janapada Kalyāni con lágrimas en la cara y el cabello medio peinado corrió detrás del príncipe tan rápido como pudo y le dijo, “Noble Señor, por favor regrese pronto.” Sus palabras causaron temblor en el corazón de Nanda; pero el Buddha sin tanto como tomar su tazón, lo condujo al monasterio y le dijo, “Nanda, ¿te gustaría volverte monje?” Tan grande era la reverencia de Nanda hacia el Buddha que se refreno de decir, “Yo no deseo volverme un monje.” Y en lugar de eso dijo, “Sí, me gustaría volverme monje.” Luego, el Buddha dijo que Nanda fuera un monje. Así fue que en el tercer día después de que el Buddha llegó a Kapilapura, hizo que Nanda se hiciera monje.
Mientras el Buddha residía en Jetavana, el Venerable Nanda se encontraba a disgusto y comentó sus molestias con los monjes diciendo, “Es con descontento, oh amigos, que yo practico la vida religiosa; no puedo soportar la vida religiosa; renunciando a la Disciplina, regresaré a la vida secular”.
*Entonces un Bhikkhu se acerco donde estaba el Bendito y habiéndose acercado, saludando al Bendito, se sentó a un lado y le dijo, “Señor, el Venerable Nanda, primo del Bendito, hijo de una tía materna, está diciendo así a numerosos bhikkhus: ‘Es con descontento, oh amigos, que yo practico la vida religiosa; no puedo soportar la vida religiosa; renunciando a la Disciplina, regresaré a la vida secular”.
Entonces el Buddha mando a decir a Nanda con otro monje, “Amigo Nanda, el Maestro te llama”. Diciendo, “Está bien.” El Venerable Nanda obedeciendo al monje se acercó donde estaba el Buddha y habiéndosele acercado, saludando al Buddha, se sentó a un lado. Y el Buddha le dijo a Nanda, “¿Es verdad, Nanda, que tú estás diciendo a numerosos monjes: ‘Es con descontento, oh amigos, que yo practico la vida religiosa; no puedo soportar la vida religiosa; renunciando a la Disciplina, regresará a la vida secular’?”
“Sí, Señor”.
“¿Por qué razón tú, Nanda, practicas con descontento la vida religiosa; no puedes soportar la vida religiosa y renunciando a la Disciplina, regresarás a la vida secular?”
“Señor, una muchacha Sakya, la belleza del país, cuando yo abandonaba mi casa, con sus cabellos a medio peinar y fijando en mi su mirada, me dijo: “Noble Señor, por favor regrese pronto.’ Y yo Señor, recordándola, practico con descontento la vida religiosa; no puedo soportar la vida religiosa; renunciando a la disciplina, regresaré a la vida secular”.
Y tomando por el brazo al Venerable Nanda, con la misma rapidez con que un hombre fuerte extendería su brazo que tiene encogido o encogería el brazo que tiene extendido, el Buddha desapareció del bosque del príncipe de Jeta y apareció en el reino de los Treinta y tres dioses.
En aquella ocasión quinientas apsaras (ninfas celestiales) de hermosos pies, habían llegado al cielo para servir a Sakka, el señor de los dioses. Y el Buddha le dijo al Venerable Nanda, “¿Ves tú, Nanda, a estas quinientas apsaras de hermosos pies?”
“Sí, Señor”.
“¿Qué piensas, Nanda? ¿Quién es más hermosa, más admirable, más encantadora, aquella mujer Sakya, la belleza del país, o estas quinientas apsaras de hermosos pies?”
“Señor, al igual que una mona con sus orejas y nariz cortadas, de la misma manera, aquella muchacha Sakya, la belleza del país, si es puesta al lado de estas quinientas apsaras, no puede ser tomada en cuenta, no vale ni una pequeña parte de ellas, no admite comparación. Estas quinientas apsaras, son más hermosas, más admirables, más encantadoras”.
“Ánimo Nanda, ánimo Nanda, Yo te aseguro que conseguirás quinientas apsaras de hermosos pies”.
“Señor, si el Bendito me asegura que yo conseguiré quinientas apsaras de hermosos pies, yo gozaré, practicando la ilustre vida religiosa”.
Entonces tomando al Venerable Nanda por el brazo y rápidamente el Buddha desapareció del reino de los treinta y tres dioses y apareció en el bosque del príncipe de Jeta.
Y los monjes oyeron decir, “El venerable Nanda, primo del Bendito, hijo de tía materna, practica la vida religiosa por causa de las apsaras; el Bendito le ha asegurado que conseguirá quinientas apsaras de hermosos pies”.
Y los monjes compañeros del Venerable Nanda, se referían a él con términos de menosprecio, diciendo, “El Venerable Nanda es ciertamente un lacayo”, “El venerable Nanda es ciertamente un vendido”, “Por causa de las apsaras practica la vida religiosa”, “El Buddha le ha asegurado que obtendrá quinientas apsaras de hermosos pies”.
Y el Venerable Nanda, mortificado, avergonzado y disgustado con los términos utilizados por sus compañeros monjes, vivía a solas, solitario, alerta, vigilante, lleno de fervor, con su ser disciplinado, dueño de sí, y en poco tiempo conoció, realizó y obtuvo en este mundo, por sí mismo, aquella incomparable perfección de la vida religiosa, por cuya causa los hijos de familia parten de sus hogares para llevar una vida errante y mendicante, y Nanda comprendió que sus reencarnaciones habían concluido, que había cumplido con la vida religiosa, que había hecho lo que tenía que hacer y que ya nada tenía que ver con este mundo. Y el Venerable Nanda se convirtió en un Arahant.
Entonces una divinidad de gran belleza, al concluir la noche, iluminando durante mucho tiempo el bosque del príncipe de Jeta, se acerco al Buddha y habiéndose acercado y habiéndole saludado le dijo, “Señor, el Venerable Nanda, primo del Bendito, hijo de tía materna, mediante la destrucción de las impurezas, vive habiendo conocido, realizado y obtenido en este mundo, por sí mismo, la pura liberación de la mente, la liberación mediante el conocimiento”. Y en el Buddha también surgió el conocimiento de que efectivamente, Nanda, mediante la destrucción de las impurezas vivía habiendo conocido, realizado y obtenido en este mundo, por sí mismo, la pura liberación de la mente, la liberación del conocimiento.
Y el Venerable Nanda al terminar la noche, se acerco a donde estaba el Buddha y le dijo, “Señor, yo libero al Bendito de aquella promesa que el Bendito me hizo con respecto a la obtención de quinientas apsaras de hermosos pies”.
“Oh Nanda, comprendiendo tu mente con mi mente, yo me di cuenta de que tú, mediante la destrucción de las impurezas, vivías habiendo conocido, realizado y obtenido en este mundo, por ti mismo, la pura liberación de la mente, la liberación del conocimiento. Y un deva me dijo, ‘Señor, el Venerable Nanda, primo del Bendito, hijo de tía materna, mediante la destrucción de las impurezas, vive habiendo conocido, realizado y obtenido en este mundo, por sí mismo, la pura liberación de la mente, la liberación mediante el conocimiento’. Ya que tu mente, oh Nanda, despojándose de los apegos, ha quedado liberada de las impurezas, entonces yo también quedo liberado de mi promesa”.
El Buddha comprendiendo el sentido, dijo en aquella ocasión lo siguiente:
No se altera ni en felicidad ni en la desgracia,
Aquel bhikkhu que atravesó el lodo,
Destrozó la espina del deseo
Y alcanzó la destrucción del error.
Entonces los monjes comenzaron a decir, “En días anteriores él solía decir, ‘Estoy en descontento’, pero ahora dice, ‘No estoy de ninguna manera inclinado a la vida secular.” Y por ello fueron y reportaron esto al Buddha. Y el Buddha pronuncio estos versos:
Como la lluvia penetra la casa mal techada, así la pasión penetra en la mente no desarrollada.
Como la lluvia no penetra la casa bien techada, así la pasión no penetra la mente bien desarrollada.
* Esta parte está basada en el libro "Udāna, La Palabra de Buddha." de Carmen Dragonetti, pags. 117-123 donde también se encuentra esta historia.
La historia del Monje Sāriputta (Versos 11 y 12)
Mientras residía en Veluvana, en el monasterio de la arboleda de bambú en Rājagaha, el Buddha pronuncio estos versos en referencia a Sanjaya, un antiguo maestro de los jefes discípulos, el Venerable Sāriputta y el Venerable Moggallāna (antiguamente Upatissa y Kolita).
Antes de que el Buddha apareciera en el mundo, había dos aldeas brāhmaṇa no lejos de Rājagaha llamadas aldea Upatissa y aldea Kolita. Un día la esposa de un Brāhamaṇa llamada Rūpasari, que vivía en la aldea Upatissa, concibió un hijo; en el mismo día la esposa de un brahamin llamada Moggali. Que vivía en la aldea de Kolita, igualmente concibió un hijo en su vientre. Se dijo que por siete generaciones estas dos familias han estado firmemente unidas en amistad; ellas realizaron en el mismo día la protección del embrión para las dos madres expectantes. Pasados los diez meses lunares, ambas mujeres dieron a luz.
En el día señalado para el nombre de los niños, dieron el nombre Upatissa para el hijo de la mujer llamada Sāri porque él era el hijo de la familia principal en la aldea de Upatissa; El otro niño, debido a que era hijo de la familia principal en la aldea de Kolita, le dieron el nombre de Kolita. Cuando crecieron, ambos alcanzaron la competencia en todas las artes y ciencias.
Los dos jóvenes tenían un séquito de quinientos jóvenes cada uno.
Ahora, hay un festival celebrado cada año en Rājagaha que tiene el nombre de festival de la cima de la montaña. En el lugar se puso un sofá para que los dos jóvenes se sentaran juntos para ver el festival. Cuando era ocasión para reír, ellos reían; cuando era ocasión para llorar ellos lloraron; cuando era ocasión de dar limosnas, ellos dieron limosnas. De esta manera ellos presenciaron el festival por varios días. Pero un día, cuando habían madurado su sabiduría, no hubo más risa cuando debía haber risa, en los siguientes días no hubo lágrimas cuando debían llorar y cuando fueron pedidas las limosnas no dieron limosnas.
Se dijo que el siguiente pensamiento ocurrió a los dos jóvenes, “¿Por qué deberíamos ver esto? Antes de que cien años hayan pasado, todas estas personas se habrán ido de ahí y no habrá nada más que ver. Nos conviene más buscar el camino de la liberación.” Y llevando este pensamiento a su corazón, se sentaron. Luego Kolita le dijo a Upatissa, “Amigo Upatissa, no pareces estar complacido y deleitado como en días anteriores. Más bien estas afectado por la melancolía. ¿Qué pasa por tu mente?” “Amigo Kolita, me siento pensando, ‘No hay satisfacción duradera en mirar a esta gente; todo esto es sin beneficio; Me conviene más ir a buscar la liberación por mi cuenta’. Pero ¿por qué estás tú melancólico?” Kolita dijo lo mismo. Cuando Upatissa descubrió que Kolita pensaba igual, él dijo, “Ambos hemos tenido un buen pensamiento. Es conveniente para nosotros buscar el camino a la liberación y retirarnos del mundo juntos. ¿Siguiendo a qué maestro deberíamos retirarnos del mundo?”
Ahora, en este tiempo un asceta mendicante llamado Sanjaya entró en la ciudad de Rājagaha acompañado con un gran séquito de ascetas mendicantes. “Nosotros nos retiraremos de este mundo y nos volveremos monjes bajo la tutela de Sanjaya.” Dijeron Upatissa y Kolita. Así que despidieron a quinientos criados diciéndoles, “Tomen las cosas y los carros y váyanse.” Y junto con los quinientos restantes, se retiraron del mundo y se volvieron monjes bajo la tutela de Sanjaya. Desde el día que ambos jóvenes se retiraron del mundo y se volvieron monjes bajo la tutela de Sanjaya, alcanzaron la cima de logros y renombre. Pero en unos días ya habían sobrepasado los límites de la enseñanza de Sanjaya. Por lo tanto le preguntaron, “Maestro, ¿es toda la verdad religiosa que conoce, o hay algo más aparte de esto?” “Esto es todo lo que hay; lo saben todo.”
Las preguntas que realizaron Upatissa y Kolita, los demás tampoco pudieron responderlas; pero toda pregunta que otros hacían, Upatissa y Kolita las respondían. De esta manera ellos viajaron por toda la tierra de la manzana rosada; volvieron a andar sus pasos y regresaron a sus propios hogares de nuevo. Antes de que se separaran, Upatissa le dijo a Kolita, “Amigo Kolita, quienquiera de nosotros que primero alcance la inmortalidad que informe al otro.” Habiendo hecho este acuerdo se separaron.

Un día, el asceta mendicante Upatissa vio al monje Assaji. Upatissa le dijo a él, “Calmado y sereno, hermano, están tus órganos de los sentidos; limpio y claro es el tono de tu piel. ¿Por la gracia de quien, hermano, te has retirado del mundo? ¿Quién es tu maestro y de quien es la doctrina que profesas?” “Hermano, Yo no soy más que un mero novicio; no he sido monje por mucho tiempo; pero recientemente me acerque a la doctrina del Buddha y a la disciplina.” Dijo el asceta, “Yo soy Upatissa; pronuncia mucho o poco de acuerdo a tu habilidad; Yo entenderé el significado en cien formas o en mil maneras.” Y con lo que le dijo el monje Assaji a Upatissa, éste alcanzó lo excelente. Upatissa después vio a Kolita y le informo había alcanzado la inmortalidad. Él pronunció la misma enseñanza que el monje Assaji le dijo. Y Kolita se estableció en el fruto de la conversión. Decidieron visitar al Buddha. Ellos pensaron que debían pedirle a su antiguo maestro Sanjaya que se uniera a ellos. “Vayan ustedes; yo no puedo ir.” Dijo Sanjaya, “En el pasado he sido maestro de multitudes. Para mí, convertirme en un pupilo de nuevo sería absurdo.”

“No actúe así maestro.” Dijo Upatissa. “Maestro, desde el momento de la aparición del Buddha en el mundo el pueblo le ha adorado. Vayamos nosotros también allá. ¿Qué intenta hacer ahora?” Y Sanjaya les replicó, “Amigos, ¿qué son más numerosos en el mundo, los estúpidos o los sabios?” “Maestro, los estúpidos son muchos, los sabios pocos.” Y Sanjaya dijo, “Bueno amigos, luego, dejen ir a los hombres sabios con el Monje sabio Gotama y dejen al estúpido venir a mí.” Upatissa y Kolita se retiraron. Cerca de doscientos cincuenta ascetas mendicantes del grupo de Sanjaya también se unieron a los dos amigos.
Luego Kolita y Upatissa vieron al Buddha y se convirtieron en sus discípulos Jefes. Upatissa se volvió Sāriputta y Kolita se volvió Mogallāna. Ellos informaron al Buddha como Sanjaya no vendría a ver al Buddha.
Y el Buddha pronunció estos versos:
Los que consideran lo esencial como no esencial y ven lo no esencial en lo en lo esencial, esos, que están en el campo de los pensamientos incorrectos, no alcanzan lo esencial.
Pero comprendiendo lo esencial como esencial y lo no esencial como no esencial, esos, que están en el campo de los pensamientos correctos, alcanzan lo esencial.
La historia de Devadatta (Versos 9 y 10)
Mientras residía en el monasterio de Sāvatthi, el Buddha pronunció estos versos en referencia a Devadatta.
En una ocasión los dos discípulos jefes, cada uno con un séquito de quinientos monjes, partieron de donde estaba el Buddha y fueron de Jetavana hacia Rājagaha. Los residentes de Rājagaha unidos en dos, tres y en grupos más grandes, dieron ofrecimientos de acuerdo con la costumbre de dar ofrecimientos a los visitantes. Ahora, un día el Venerable Sāriputta mientras hacía el discurso de agradecimiento dijo, “Hermanos laicos, un hombre da ofrecimientos pero no exhorta a otros a dar; ese hombre recibe en futuros nacimientos la bendición de riqueza pero no la bendición de un séquito. Otro hombre exhorta a su vecino a dar pero él mismo no da; ese hombre en futuros nacimientos recibe la bendición de un séquito pero no la bendición de la riqueza. Otro hombre, ni él mismo da ofrecimientos ni exhorta a otros a dar; en futuros nacimientos ese hombre recibe nada más allá de un atracón de arroz batido agrio pero es indigente y desamparado. Más aun otro hombre que él mismo da ofrecimiento y exhorta a otros a dar; en futuros nacimientos, en cien estados de existencia, en mil estados de existencia, en cien mil estados de existencia, recibe ambas, la bendición de la riqueza y la bendición de un séquito.” Así el Venerable Sāriputta enseñó la Ley.
Una persona invitó al Venerable a tomar una comida con él, diciendo, “Venerable, acepte mi hospitalidad para mañana.” Para los ofrecimientos alguien entregó una pieza de ropa valuada en cien mil para los organizadores de la ceremonia de ofrecimientos. Él los instruyó para que se vendiera y con lo recaudado se cubriera la ceremonia en caso de que no hubiera los fondos necesarios, o si no hubiera escasez de fondos que se le ofreciera al monje que pensaran le vendría bien. Y así fue, ya que no hubo escasez de fondos, la ropa sería ofrecida a uno de los monjes. Debido a que los dos discípulos jefes visitaban Rājagaha sólo ocasionalmente, la ropa fue ofrecida a Devadatta quien era un residente permanente de Rājagaha.
Y fue de la siguiente manera. Algunos decían, “Démosle la ropa al Venerable Sāriputta.” Otros decían, “El Venerable Sāriputta tiene el modo de ir y venir. Pero Devadatta es nuestro compañero constante, tanto en días festivos como en días ordinarios y siempre está listo como una jarra de agua. Démosle la ropa a él.” Después de una larga discusión, se decidió por una mayoría de cuatro que se diera la ropa a Devadatta. Así que le dieron la ropa a Devadatta.
Devadatta la corto en dos, la modificó, la tiñó, puso una parte como ropa interna y la otra parte como ropa externa y la uso mientras caminaba. Cuando lo vieron usar su nueva ropa, dijeron, “Esta ropa no es adecuada para Devadatta, sino es adecuada para el Venerable Sāriputta. Devadatta va por ahí usando ropa que no le es adecuada.” Entonces el Buddha dijo, “Monjes, esta no es la primera vez que Devadatta ha utilizado ropa que no es adecuada para él; en una existencia previa él también usó ropas que no le eran adecuadas.” Luego relató lo siguiente.
En una ocasión cuando Brahmadatta reinaba en Benāres, ahí moraba un cierto cazador de elefantes que se ganaba la vida matando elefantes. Ahora, en un cierto bosque varios miles de elefantes encontraron pastos. Un día, cuando ellos fueron al bosque, ellos vieron algunos Buddhas silenciosos. Desde ese día, tanto al llegar como al irse, ellos se arrodillaban ante el Buddha silencioso antes de seguir su camino.
Un día el cazador de elefantes vio su comportamiento y pensó, “Yo también debo obtener una ropa amarilla de inmediato.” Así que fue a una poza utilizada por un cierto Buddha silencioso y mientras el Buddha silencioso tomaba un baño él robo sus ropas que estaban tendidas en la orilla. Luego él fue y se sentó en el camino por el cual iban y venían los elefantes con una lanza en la mano y el manto envuelto en la cabeza. Los elefantes lo vieron y pensando que era un Buddha silencioso, le rindieron homenaje y luego siguieron su camino. El elefante que venía al último, él lo mató con una estocada de su lanza. Y tomando los colmillos y otras partes que eran valiosas y quemando los restos del animal muerto en la tierra, él partió.
Más tarde el futuro Buddha, quien había renacido como un elefante se volvió el líder de los elefantes y el señor de la manada. En ese tiempo, el cazador de elefantes seguía utilizando las misas tácticas como antes. Entonces el futuro Buddha se percató de la disminución de su séquito y preguntó, “¿A dónde van estos elefantes que se ha hecho pequeña la manada?” “Eso no lo sabemos, Maestro.” Entonces el futuro Buddha pensó, “A donde quiera que ellos vayan, ellos no deben ir sin mi permiso.” Luego, la sospecha entró en su mente, “El hombre que se sienta en un cierto lugar con una ropa amarilla debe ser el causante del problema; él enfrentará vigilancia.”
Así que el líder de la manada envió a los demás elefantes a la cabeza y caminando muy lento, quedó hasta atrás. Cuando el resto de los elefantes habían rendido homenaje y avanzado, el cazador de elefantes vio al futuro Buddha acercarse, con lo cual agarró su ropa junto son su lanza. El futuro Buddha fijó su atención mientras se acercaba y retrocedió para evitar la lanza. “Este es el hombre que ha matado a mis elefantes,” él pensó, e inmediatamente se abalanzó para sujetarlo. Pero el cazador brinco detrás de un árbol y se quedó en cuclillas. Luego el futuro Buddha pensó, “Los rodearé a ambos al árbol y al cazador con mi trompa, sujetaré al cazador y lo arrojaré al suelo.” Justo en ese momento el cazador se quitó las ropas amarillas y permitió que el elefante lo viera. Cuando el Gran Ser lo vio, pensó, “Si hago ofensa contra este hombre, la reverencia que miles de Buddhas, Buddhas silenciosos y Arahats sienten por mí, necesariamente se perderá.” Por lo tanto, mantuvo su paciencia. Luego preguntó al cazador, “¿Fuiste tú quien mató a todos estos parientes míos?” “Sí Maestro.” Contestó el cazador. “¿Por qué haces este acto malvado? Te has cubierto con las ropas apropiadas para aquellos que están libres de pasión, pero que son inapropiadas para ti. Realizando una acción como ésta, has cometido una falta grave.” Diciendo esto, lo reprendió de nuevo por última vez. “Inapropiada es la acción que has realizado.”
Cuando el Buddha terminó la lección, identificó a los personajes en la jātaka como sigue, “En ese tiempo el cazador de elefantes era Devadatta y el noble elefante que lo reprendió era Yo mismo. Monjes, ésta no es la primera vez que Devadatta ha utilizado ropa que es inapropiada para él.”
Estos son los versos que pronunció:
El contaminado que vestirá la túnica amarilla, carente de control y veracidad, ése no merece la túnica amarilla.
Pero ese que hubiera expulsado los contaminantes, bien establecido en las virtudes, dotado de control y veracidad, ése, de verdad, merece la túnica amarilla.
La historia del monje Mahākāla (Versos 7 y 8)
Mientras residía en el poblado de Setavya, el Buddha pronunció estos versos en referencia a Mahākāla y su hermano Cūlakāla. Los hermanos Cūlakāla, Majjhima kāla y Mahākāla eran tres dueños de casa y vivían en Setavya. Cūlakāla y Mahākāla, el mayor y el menor respectivamente, acostumbraban viajar al extranjero con sus caravanas de quinientos carretas y traían a casa productos para vender. Y Majjhima Kāla vendía las mercancías que traían. Ahora, en una cierta ocasión los dos hermanos, trayendo mercancías de varias clases en sus quinientas carretas, se dirigieron a Sāvatthi y acampando entre Sāvatthi y Jetavana, desmontaron las carretas. Por la tarde Mahākāla vio a discípulos Nobles residentes de Sāvatthi, con guirnaldas y perfume en sus manos, que iban a escuchar la Ley.
“¿A dónde van? “ Él preguntó. Recibiendo la respuesta de que ellos iban a escuchar la Ley, él pensó, “Yo iré también.” Así que se lo comunicó a su hermano. “Querido hermano, cuida las carretas; yo iré a escuchar la Ley.” Después, él fue y rindió homenaje al Buddha y se sentó en el círculo exterior de la congregación.
En ese día el Maestro enseñó la Ley en una manera gradual de acuerdo con la disposición de la mente de Mahākāla, y exponiendo el Sutta de los Agregados del Sufrimiento y otros Suttas, discursos sobre lo pecaminoso e inhábil y sobre los contaminantes de los placeres sensuales. Mahākāla, después de escuchar el discurso, se volvió un monje. Después Cūlakāla igualmente se convirtió en monje. Pero el pensamiento en la mente de Cūlakāla era, “Después de un tiempo regresaré al mundo y me llevaré a mi hermano conmigo.”
Tiempo después Mahākāla se acercó al Maestro y le preguntó, “¿Cuántos deberes hay en esta religión?” El Maestro le informó que había dos. Luego Mahākāla dijo, “ Venerable, debido a que me ordené ya grande, no seré capaz de completar el deber del estudio, pero puedo completar el deber de la contemplación.” Así que el Maestro lo instruyó en la práctica de la meditación de los cementerios que lleva a obtener el estado de Arahat. Al final de la primera vigilia, cuando todos los demás estaban dormidos, él fue al cementerio; y al amanecer antes de que todos se hubieran levantado, él regresó al monasterio.
Ahora, una cierta mujer joven del lugar fue atacada por una enfermedad y en el mismo momento que la enfermedad la atacó, murió. Sin una señal de vejez o de debilidad, por la tarde sus familiares y amigos llevaron su cuerpo al lugar de cremación, con leña y aceite y otros requisitos, y le pidieron a la vigilante del crematorio que quemara ese cuerpo. Y pagando a la vigilante su tarifa se la entregaron. Cuando la vigilante del crematorio removió las ropas de la mujer mientras la sostenía, pensó, “Este cuerpo es un objeto adecuado para la meditación, se lo enseñaré a su Reverencia.” Así que ella fue con el monje Mahākāla y después de rendirle homenaje le dijo, “Tengo un buen objeto de meditación, déle una mirada, Venerable.” “Muy bien.” Dijo el Venerable. Así que fue e hizo que la ropa que cubría el cadáver fuera removida e inspeccionó el cuerpo de la planta de los pies al a la punta de los cabellos. Luego monje Mahākāla pidió que prendieran fuego al cuerpo y le informaran cuando las llamas cubrieran a la mujer. monje Mahākāla regresó a su lugar y se sentó. La mujer hizo como se le pidió y fue a informarle al Venerable. El Venerable vino y examinó el cuerpo. Donde las flamas habían tocado la carne, el color de su cuerpo se volvió como el de un cuervo manchado; los pies sobresalidos y colgando hacia abajo, las manos torcidas hacia atrás; la frente sin piel. El monje Mahākāla pensó, “Este cuerpo que había causado que aquellos que lo miraran olvidaran la Palabra Sagrada, ahora ha alcanzado la decadencia y la muerte.” Se retiró a su dormitorio, se sentó y discernió claramente sobre la muerte y la decadencia. Mahākāla desarrollo la introspección espiritual y alcanzó el estado del Arahat junto con facultades sobrenaturales.
Cuando Mahākāla alcanzó el estado de Arahat, el Buddha rodeado por la congregación de monjes, viajando de un lugar a otro llegó a Setavya y entró en el bosque de Simsapā. Las esposas de Cūlakāla escuchando que el Buddha había arribado, pensó, “Ahora recuperaremos a nuestro marido.” Así que fueron a invitar al Buddha. Ahora, cuando se espera una visita del Buddha, es la costumbre que un monje se adelante y de recomendaciones. Cuando Cūlakāla fue a casa para preparar los ofrecimientos con sus esposas tiró las ropas. Las ocho esposas de Mahākāla también pensaron que podrían hacer que su esposo renunciara a los hábitos. Un día, arreglaron una invitación al Buddha y sus discípulos para dar ofrecimientos y le pidieron al Buddha que dejara que Mahākāla se quedara después de los ofrecimientos para que pronunciara la fórmula de agradecimiento después de los ofrecimientos. El Buddha lo permitió y lo dejó ahí y se retiró junto con sus demás discípulos.
Cuando el Buddha llegó a la entrada del poblado, la congregación de monjes estaba ofendida y dijo, “¡Qué cosa para que el Buddha hiciera así! ¿Lo hizo a sabiendas o no a sabiendas? Ayer Cūlakāla vino y ese fue el fin de su vida monástica. Pero hoy, un monje diferente vino y no pasó nada parecido.” Luego dijo a los monjes: “El monje Mahākāla es virtuoso y correcto. ¿Pondrán ellas fin a su vida monástica?” Las esposas de Mahākāla trataron de convertirlo en un hombre laico pero él se elevó en el aire a través de sus poderes mentales como un Arahat y apareció ante el Buddha mientras estaba recitando estos dos versos. El monje Mahākāla rindió homenaje al Buddha y el Buddha les dijo a los monjes que estaban equivocados respecto al Arahat Mahākāla al compararlo con el monje Cūlakāla.
Los versos eran los siguientes:
Al que vive contemplando lo placentero, incontrolado en los sentidos e inmoderado en la comida, indolente, bajo en esfuerzo, Māra, de verdad, conquista a ése como el viento derriba al árbol débil.
Al que vive contemplando lo no placentero, bien controlado en los sentidos y moderado en la comida, con fe, firme en energía, Māra, de verdad, no conquista a ése como el viento no derriba a la montaña de roca.
La historia de los monjes de Kosambi (Verso 6)
Mientras residía en el monasterio de Jetavana en Sāvatthi, el Buddha pronunció este verso en referencia a los monjes de Kosambi.
Los monjes de Kosambi habían formado dos grupos. Un grupo seguía al maestro del Vinaya y el otro seguía al maestro del Dhamma. En una ocasión se encontraban discutiendo entre ellos por una regla menor del Vinaya. Incluso el Buddha no pudo persuadirlos de discutir; así que los dejó y pasó el retiro de lluvias completamente solo en la arboleda de Rakkhita cerca del bosque de Pārileyyaka. Ahí, el elefante Pārileyya esperó por el Buddha.

Ya en el bosque,
el elefante ofreció agua al Buddha;
al ver esto, un mono le ofreció fruta también.
Así el Buddha pasó el retiro de lluvias
en solicitud y armonía con sus peculiares
amigos.
Los discípulos laicos de Kosambi, habiéndose enterado de la razón de la partida del Buddha, se rehusaron a realizar ofrecimientos a los monjes que se quedaron. Esto los hizo darse cuenta de su error y los llevó a reconciliarse entre ellos. Aún así, los discípulos laicos no los tratarían respetuosamente como antes hasta que ellos confesaran su falta al Buddha. Pero el Buddha se encontraba lejos y era la mitad del retiro de lluvias; así que los monjes de Kosambi pasaron el retiro en sufrimiento y penuria.
Al final del retiro de lluvias el Venerable Ānanda y varios monjes se dirigieron a donde se encontraba el Buddha y dieron el mensaje de Anāthapiṇḍika y otros discípulos laicos implorando su regreso. En el debido momento, el Buddha regresó al monasterio de Jetavana en Sāvatthi. Los monjes lo siguieron hasta ahí y se postraron a sus pies y admitieron su falta. El Buddha los reprendió por desobedecerle. Él les dijo que recordaran que todos ellos morirían algún día, por lo tanto, deberían dejar de discutir y no deberían actuar como si nunca fueran a morir.
El Buddha pronunció este verso:
Pero en esos que aquí comprenden así, las disputas cesan.
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Como ya sabemos, cada uno de los versos contenidos en el Dhammapada está relacionado con una historia contenida en el Comentario del Dhammapada (Dhammapadaṭṭhakathā), que también se puede encontrar en este sitio en Pali. También ya contamos con una versión del Dhammapada en español traducido por Sayadaw U Nandisena y que además he usado como fuente junto con el libro electrónico “Treasury of truth, Dhammapada text” por el Venerable Weragoda Sarada Thero.
El Venerable U Nandisena también nos ha proporcionado algunas de estas historias traducidas directamente del Comentario Pali al español, las cuales son un gran tesoro y espero haya más en el futuro. Aquí anexo los enlaces a las cuatro primeras historias del Comentario del Dhammapada:
- La historia del monje Cakkhupāla (verso 1)
- La historia de Maṭṭhakuṇḍalī (verso 2)
- La historia del monje Tissa (Versos 3 y 4)
- La historia de la Ogresa (Verso 5)
En este blog iré agregando las historias periódicamente. Espero que estas historias les motiven tanto como a mí a querer saber más sobre el Buddha y su enseñanza, a profundizar su estudio y su práctica.
Metta.