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Historias del Dhammapada (La vigilancia)
La historia de Cūlapanthaka (Verso 25)
Se dice que en Rājagaha, la hija (de una familia) de un banquero rico, cumpliendo la mayoría de edad, estaba muy cuidada por sus padres en séptimo piso del palacio.
Debido a su capricho, ya que a su corta edad había desarrollado un ardiente deseo por el sexo opuesto y cohabitaba incluso con sus propio esclavo y temiendo que otra gente pudiera llegar a saberlo, dijo, “Es imposible para nosotros vivir aquí, si mis padres llegan a saber este hecho, ellos me cortarán en pedazos. Vayámonos a otro lado.” Llevando con ellos sus objetos personales dejaron la puerta principal pensando, “Deberíamos ir a vivir juntos a un lugar desconocido para los demás.” Y tomando sus cosas residieron en cierto lugar. Como resultado de vivir juntos ella se embarazó.
Cuando estaba avanzado su embarazo, ella discutió con su esposo esto, “Mi embarazo ha alcanzado una etapa avanzada, el parto en un lugar desprovisto de amigos y parientes sería exponerse a problemas, vayamos a la casa de nuestros padres.” Temiendo él perder la vida si regresara, él postergaba diciendo, “Iremos mañana.”
Ella pensó, “Debido a la gravedad de su fechoría, este necio no se atreve a ir; de hecho, mis padres sólo desean el bienestar (de sus hijos). Vaya él o no, yo iré.” Preparándose para irse, arreglo la casa e informó a sus vecinas su partida a casa de sus padres y emprendió el viaje.
Él regreso a casa y no encontrándola, preguntó a sus vecinos y sabiendo que se había ido a casa de sus padres, la siguió a toda prisa y la alcanzó en el camino. Ella dio a luz en ese mismo lugar. Él le preguntó “¿Querida, qué es?” “Señor, es un varón”, contestó ella. “¿Qué vamos a hacer ahora?” “El propósito por el cual nos dirigíamos a casa de nuestros padres se ha cumplido en el camino. ¿Cuál es el sentido ahora de llegar allá? Mejor regresemos.” Ambos estando de acuerdo regresaron. El niño habiendo nacido en el camino se llamó Panthaka.
En breve ella se embarazó de nuevo. La misma historia se repitió con detalle. Debido a que el niño nació también en el camino, el niño mayo fue llamado Mahāpanthaka y el menor fue llamado Cūlapanthaka. Tomando a sus hijos regresaron a casa. Mientras vivían ahí, el niño Mahāpanthaka escuchó a otros niños hablar de sus tíos y abuelos y preguntó a su madre, “Madre, otros niños hablan de sus tíos y sus abuelos, ¿no tenemos parientes madre?” “Así es hijo, no tenemos parientes aquí. Sin embargo en la ciudad de Rājagaha tienes un abuelo que es un banquero rico y tenemos muchos familiares ahí.” “¿Por qué no vamos allá madre?” Preguntó el hijo pero ella no le dio ninguna razón por la cual no ir. Pero cuando el hijo pregunto en repetidas veces, ella le contó a su esposo. “Estos niños me preocupan mucho, mis padres no nos comerán cuando nos vean, vamos, llevemos a nuestros hijos con sus abuelos.”
“Es imposible para mí enfrentarlos, aun así te llevaré allá.” Dijo el esposo. “Muy bien, de una manera u otra es correcto que los niños vean a la familia de sus abuelos.” Ambos, tomando a sus hijos fueron a Rājagaha y se detuvieron en una casa de descanso en la entrada de la ciudad. La madre envió información a sus padres acerca de su arribó con los dos niños. Escuchando las noticias, ellos dijeron, “En esta ronda de renacimientos no hay quien no haya sido hijo o hija, pero debido a que nos han ofendido mucho, es imposible para nosotros tenerlos en nuestra presencia. Den a los dos este dinero y que se vayan a vivir donde les plazca. Pero dejen que manden aquí a los niños.”
Ellos tomaron el dinero enviado por los padres y enviaron a los niños con el mensajero. Los niños crecieron en casa de sus abuelos. De ellos, Cūlapanthaka siendo el más joven, sólo Mahāpanthaka acostumbraba a ir con su abuelo a escuchar discursos religiosos. Visitando regularmente al Maestro desarrolló una inclinación a volverse monje y dijo a su abuelo, “Si tu me das permiso. Me gustaría convertirme en monje.” “Querido, ¿qué dices? para mi tu renuncia es preferible a la de la gente del mundo entero. Si tú puedes hacerlo, hazlo." Diciendo esto, lo llevó con el maestro diciéndole que era su nieto y que quería ser monje bajo la enseñanza del Maestro. El dominó muchas enseñanzas del Buddha y cuando alcanzó la edad adecuada recibió la ordenación completa y practicando atención completa sobre su objeto alcanzó el estado de Arahat.
Mientras moraba en la dicha de la meditación y la fruición, él pensó, “¿Sería posible dar esta dicha a Cūlapanthaka?” Luego se aproximo al banquero, el abuelo y le dijo, “Si usted lo permitirá, lo admitiría en la Orden.” “Haga así Venerable.” El banquero era bien conocido por ser muy devoto por las enseñanzas del Buddha y cuando era interrogado sobre quien de sus hijas era la madre de los nietos, él se sentía muy apenado de decir que eran hijos de la hija que huyó. Así que gustoso permitió que se volvieran monjes. Después de que Cūlapanthaka fue admitido en la Orden y establecido en los preceptos morales, resultó ser lento en su progreso espiritual.
Él era incapaz de dominar tan sólo un verso en cuatro meses:
"Contemplar al Buddha en resplandor y gloria,
como el fragante loto rojo floreando por la mañana y el sol brillante en el cielo."
Así que, se dice que en el tiempo del perfectamente iluminado Kassapa, él era un monje. Siendo de inteligencia aguda se burló de un monje lento mientras éste estaba repitiendo su lección. Y ese monje se sintió apenado por su burla y no pudo aprender ni repetir su lección. Como resultado de esa acción, el nació lento. Así él acostumbraba olvidar lo que acababa de aprender. Luego Mahāpanthaka le dijo, “Panthaka, no eres digno de permanecer más en esta Orden, no has sido capaz de dominar tan sólo un verso en cuatro meses. ¿Cómo traerás madures a tu vida como monje? Deja este monasterio” y lo condujo fuera. Cūlapanthaka, lleno de apego a las enseñanzas del Buddha nunca había aspirado por una vida de dueño de casa. En ese tiempo Mahāpanthaka estaba a cargo de asignar monjes a las invitaciones de comida.
En ese tiempo, Jīvaka el komārabhacca (el llevado por un príncipe y médico del Buddha), llevando con él muchas flores y esencias fue a la arboledas de mango y las ofreció al Maestro. Habiendo escuchado sus enseñanzas, él dejó su asiento, rindió homenaje al Buddha y acercándose a Mahāpanthaka le preguntó, “Señor, ¿cuántos monjes viven con el Maestro?” “Alrededor de quinientos.” “Señor, por favor acepte la comida en mi casa junto con los quinientos monjes con Buddha a la cabeza.” “Devoto laico, cierto Cūlapanthaka es lento en el progreso del Dhamma, excepto por él, acepto su invitación para el resto." Cūlapanthaka escuchó esto y pensó, "Mahāpanthaka aceptando la invitación para tantos monjes me ha dejado fuera. Seguramente debe estar decepcionado conmigo. ¿Qué bien hay para mí si permanezco en la Orden? Mejor debería regresar a una vida de dueño de casa y vivir dando caridad y haciendo otras acciones meritorias.” Al siguiente día el se preparaba para renunciar a su vida de monje. El maestro explorando el mundo temprano en la mañana, vio este incidente y fue a donde estaba Cūlapanthaka, cuando éste vio al Maestro se acercó a él y le rindió homenaje.
Luego, el Maestro le preguntó, “Cūlapanthaka, ¿a donde te diriges en este momento?” “Señor, mi hermano me ha mandado fuera, por lo tanto voy a dejar la Orden.” “Cūlapanthaka, tu admisión es mi asunto, cuando fuiste llevado fuera por tu hermano, ¿por qué no recurriste a mí? ¿Qué bien puede haber para ti regresando a la vida de dueño de casa, ven, quédate.” Diciendo esto, el Maestro dándole una palmada en su cabeza con su palma marcada con marcas auspiciosas, lo llevó con él e hizo que se sentara frente al salón de Gandhakuti (salón perfumado). Luego, el Maestro le dio un trozo de tela producida con poder sobrenatural y le dijo, “Cūlapanthaka, quédate aquí de frente al este y mantente frotando esta tela mientras repites esta palabra “rajoharaṇaṁ, rajoharaṇaṁ” (removiendo la impureza).” Luego, cuando se le informó del tiempo de partir, fue a la residencia de Jīvaka acompañado por la Orden de monjes y se sentó en el asiento preparado.
Cūlapanthaka se sentó mirando hacia el sol y mientras frotaba la pieza de tela murmuraba las palabras “rajoharaṇaṁ, rajoharaṇaṁ…” Así, mientras él frotaba el rozo de tela, éste se ensució. Por lo que pensó, “Este trozo de tela estaba muy limpio, pero debido a mí ha cambiado su forma original y se ha ensuciado.” Así, él reflexionó sobre el pensamiento de que las cosas condicionadas realmente son impermanentes, centró su mente en la decadencia y la cesación e intensificó su visión espiritual. El Maestro conociendo que la mente de Cūlapanthaka había madurado le dijo, “Cūlapanthaka, no te impresiones por el pensamiento de que sólo el trozo de tela está sucio y se ensucia por el polvo; pues dentro de ti existe el polvo de la pasión y lo demás, remuévelos.” Diciendo esto, envió su luminosidad de manera que apareciera sentado frente a Cūlapanthaka mientras pronunciaba estos versos:
"Raja se califica como raja. no significa polvo; significa pasión. Habiendo abandonado esta raja (pasión) el monje se mantiene en las enseñanzas del que está libre de raja (pasión).
Dosa se califica como raja. no significa polvo; significa odio. Habiendo abandonado esta raja (odio) el monje se mantiene en las enseñanzas del que está libre de raja (odio).
Moha se califica como raja. no significa polvo; significa ignorancia. Habiendo abandonado esta raja (ignorancia) el monje se mantiene en las enseñanzas del que está libre de raja (ignorancia).”
Después de pronunciar estos versos, Cūlapanthaka alcanzó el estado de Arahat junto con el conocimiento analítico y simultáneamente con el dominio del conocimiento analítico llegó a entender la implicación de las tres Pitakas.
La historia continua. Así, en existencia antigua, él fue un rey y mientras rondaba la ciudad, la transpiración bajo por su frente, la limpió con un trozo de tela limpia. La tela se ensució. “El trozo de tela, aunque limpio, ha cambiado su naturaleza y debido a este cuerpo mió se ha ensuciado.” Así desarrolló la idea de la impermanencia pensando, “En verdad, las cosas condicionadas son inestables.” Debido a ese antecedente, la remoción de las impurezas morales se volvieron un apoyo para su desarrollo espiritual.
Jivaka estaba trayendo una ofrenda de agua como marca de donación para el Buddha. Y el Maestro cubrió el tazón con su mano diciendo, “Jīvaka, ¿no se quedaron más monjes en el monasterio?” “No Señor, el Venerable Mahāpanthaka me ha declarado que no quedan más monjes en el monasterio.” EL Maestro contestó, “Lo hay Jīvaka.” Jīvaka envió a un hombre diciendo, “Amigo, en ese caso, ve y mira si ha quedado algún monje o no en el monasterio.”
En ese momento Cūlapanthaka pensó, “Mi hermano dijo que no hay más monjes en el monasterio, le mostraré que los hay.” Entonces creo mil monjes y llenó la arboleda de mangos con ellos, algunos tendiendo ropas, otros tiñendo y otros ocupados con su estudio. Ese hombre viendo tantos monjes en el monasterio, regresó y reportó a Jīvaka, “Señor, la arboleda de mangos entera está llena de monjes.”
El Thera Cūlapanthaka habiendo creado mil monjes como él, se sentó en la bella arboleda de mangos esperando el indicio del tiempo para la comida.
Por lo tanto el Maestro dijo a la persona, “Ve al monasterio y di que el Maestro llama al monje llamado Cūlapanthaka.” Cuando él fue y dijo lo que se le indicó, de mil bocas se escucho, “Yo soy Cūlapanthaka.” El hombre regresó y reportó, “Señor, todos ellos dicen que son Cūlapanthaka.” “Entonces, ve y sujeta por el brazo al monje que responda primero que él es Cūlapanthaka y los demás desaparecerán.” Y cuando hizo lo que se le indicó, en ese momento el resto de los monjes desaparecieron. Y el Venerable acompañó al hombre.
Luego después de la comida el Maestro dijo a Jīvaka, “Jīvaka, sostén el tazón de Cūlapanthaka. él hará el discurso que usualmente se hace después de la comida.” Así hizo Jīvaka. Luego, Cūlapanthaka pronunció un discurso abarcando las tres pitakas, rigiendo como león joven. El Maestro se levantó de su asiento y regresó al monasterio acompañado de la asamblea de monjes y después de que los monjes realizaron su usual servicio, el Maestro se paro en la entrada del salón perfumado, les dio admoniciones e instrucciones en los objetos de meditación y los despidió. Después entró en el salón perfumado y se recostó en la posición de león sobre su lado derecho. En ese tiempo, aproximadamente al anochecer, varios monjes de diferentes lugares se juntaron y sentándose en círculo comenzaron a hablar sobre las virtudes del Maestro de esta forma, “Mahāpanthaka por no entender el valor intrínseco de Cūlapanthaka, lo echo del monasterio con el pensamiento de que el era lento ya que no podía dominar tan sólo un verso en cuatro meses. El perfectamente Iluminado a través de su insuperable supremacía respecto al Dhamma, lo ayudó para que alcanzara el estado de Arahat junto con el conocimiento analítico, incluso en un tiempo corto como la duración de una comida y se Cūlapanthaka se volvió versado en las tres Canastas y en el análisis de ellas. En verdad los Buddhas son distinguidos y poderosos.”
En ese tiempo el Sublime, conciente de aquella discusión, decidió ir ahí inmediatamente. Se levantó de su cama, arregló sus ropas y salió del salón perfumado. Luego se dirigió a la junta religiosa con toda la gracia de un Buddha y con el paso de un elefante noble y el heroico semblante de un león. Luego, parándose sobre el asiento preparado para él en medio del salón decorado, se sentó emitiendo seis rayos brillantes, como el sol de la mañana en la cima de la montaña Yugandhara sondeando la profundidad del océano. En el momento en el que el perfectamente Iluminado llegó, la asamblea de monjes dejó de hablar y permaneció en silencio. El maestro Miró a la asamblea con un corazón lleno de compasión y amor benevolente y pensó, “Muy placentera es la conducta de esta asamblea, que no hubo ni un movimiento de mano pie, ni un sonido o tos o estornudo, tan llena de respeto por el Buddha y sobrecogidos por su gloria. Si me hubiera sentado sin hablar por el resto de mi vida, ellos no habrían roto el silencio hablando primero. Y en un tono suave y digno el Maestro habló primero diciendo, “¿De que están hablando sentados aquí, cual es el tema que ha sido interrumpido?” Cuando ellos contestaron que se trataba de esto y de lo otro, el Maestro declaró, “¡Oh! Monjes, no sólo en esta vida Cūlapanthaka fue lento. En una existencia anterior también fue así. No sólo en esta vida he sido su refugio sino también en otra. No sólo le hice el poseedor de la riqueza material en la existencia anterior, ahora también lo he convertido en el poseedor de las virtudes trascendentales.” Luego, el Maestro esclareció el pasado después de que los monjes le pidieron detalles.
“Monjes, en el pasado a un joven que era un ciudadano de Benares fue a Takkasila para adquirir las artes y se convirtió en alumno residente para aceptar instrucciones de un maestro de renombre universal. Entre los quinientos alumnos fue el que dio el mayor servicio al maestro. Él solía hacer todo, comenzando con masaje de los pies. Sin embargo, llegó su embotamiento y no podía aprender nada. A pesar de que su maestro aceptó enseñarle, no podía enseñarle nada. Vivió allí durante mucho tiempo, pero no siendo capaz de aprender incluso un solo verso llegó a desanimarse y pidió la autorización del profesor para retirarse. El profesor pensó: "Él es de servicio para mí. Quiero que aprenda, pero no estoy en condiciones de hacerlo. Sin duda debo hacer un servicio de regreso a él, le haré un encanto místico y se lo daré. "
Lo llevó a la selva y compuso esta estrofa, "Usted está transgrediendo, está transgrediendo, ¿por qué transgrede? Soy consciente de ello.” hizo que se la aprendiera por medio de repetirla cientos de veces. Luego, él preguntó, "¿Lo has entendido?" Cuando dijo: "Sí, lo tengo", el maestro pensó: "Cuando un torpe se ha exhortado así mismo y ha dominado un arte, no es probable que lo pierda." Dotándole de provisión para el viaje dijo: "Ve ahora y gánate la vida con este encanto, sin embargo, debes recitar este encanto siempre para que no se desvanezca'' y lo despidió. En el momento de su llegada a Benares, su madre le dio una gran recepción en su honor con la idea de que su hijo había regresado después de haber adquirido las artes.
En ese momento el Rey de Benares pensó para sí mismo "¿Tengo yo alguna falla en relación a mis acciones físicas y otras?” y no encontrando ninguna obra suya indeseable, pensó "Uno no ve su propia culpa, pero otros sí. Voy a investigar entre los ciudadanos." Luego al caer la tarde salió de incógnito con la idea, "Por lo general, todo tipo de temas se discuten entre la gente cuando se sientan juntos después de la cena. Si yo soy gobernante del reino injustamente dirán que estamos siendo oprimidos por las sanciones y los impuestos establecidos por un injusto y mal rey, y si yo mando con justicia, hablarán en alabanza de mí diciendo: "Que nuestro rey viva largo tiempo, etc.", y prosiguió escudriñando sobre las paredes de las casas. En ese momento unos ladrones elaboraban un túnel entre dos casas para que pudieran entrar en las dos casas a través de un único túnel. El rey los vio y se detuvo a la sombra de la casa. Si bien, después de abrir el túnel, entraron en la casa y fueron en busca de la mercancía, el joven se despertó y recitó ese encanto "Usted está transgrediendo, está transgrediendo, ¿por qué transgrede? Soy consciente de ello.” Al oírlo ellos pensaban "Estamos descubiertos por éste y ahora él nos hará daño," Por el temor soltaron la ropa que llevaban y huyeron. El rey, después de verlos salir corriendo después de escuchar su encanto, recorrió la ciudad y regresó a su palacio.
Temprano en la mañana, el rey convocó a un hombre y le dijo: "Ve hombre, hay un joven que ha regresado después de recibir su educación en Takkasila que viven en tal lugar de esa carretera, en la casa donde se construyó un túnel excavado, y traerlo." Fue con el joven diciendo, "El rey le convoca a usted." Le trajo y el rey le preguntó: "¿Es usted el joven que había regresado de Takkasila tras la adquisición de las artes allí?" "Sí, Su Majestad." "Enséñame." ”Muy bien, Su Majestad. Siéntese en el asiento del mismo nivel conmigo y apréndalo. " El rey, después de hacerlo, aprendió el encanto y le dio mil monedas como honorarios de profesor.
Por esta época el general interrogó al barbero sobre cuándo el rey habría de afeitarse la barba. Cuando le dijo que sería o bien al día siguiente o al día siguiente. El día que le dio mil monedas diciendo: "Tengo un trabajo que hacer para usted. " Y le preguntó de qué se trataba, entonces le dijo, "Con su navaja muy afilada y fingiendo que afeita el rey, le corta la garganta. Usted será el general, mientras que yo seré el rey. " Consintió diciendo: "Muy bien." Y el día que el rey iba a tener su afeitada, le enjabonó la barba con agua perfumada y después de afilar la navaja, mientras la sostenía frente al rey, pensó que la navaja estaba un poco desafilada y sabiendo que debía cortar la garganta del rey de un solo golpe, se hizo a un lado y afiló de nuevo la navaja.
En ese momento, el rey, recordando el encanto empezó a recitar: "Usted está transgrediendo, está transgrediendo, ¿por qué transgrede? Soy consciente de ello.” El barbero empezó a sudar con la idea de que el rey estaba al tanto de su acción y se asustó, dejó caer la navaja en el suelo y cayó postrado a sus pies. Inteligentes son los reyes, por lo que le dijo: "Oye, tú barbero vil, que pensabas que el rey no era consciente de ello.”
"Perdón, Majestad." "Déjalo, no tengas miedo a decirme lo que es.", Y dijo, "Su Majestad, el general me dio mil monedas y dijo: ’Al pretender que afeitas al rey le corta su garganta. Voy a ser rey y yo te nombraré general.’” El rey pensó que le debía su vida a su maestro y convocando al general, lo desterró del país diciendo: ‘General, ¿hay algo que usted no recibe de mí? Pero ahora no me es posible mirarlo. Deja mi reino.’" Entonces mandó a buscar al maestro y otorgándole gran honor dijo: “Maestro, debido a usted mi vida ha sido salvada", y le dio el cargo de general. Así que dando luz al pasado, el Buddha dijo: "En esa ocasión, yo era el maestro de gran prestigio. Oh monjes, Culapanthaka era un torpe también en la existencia anterior. Yo también era entonces su refugio y lo llevé a la riqueza material.
De nuevo, otro día la conversación se torno hacia el Maestro quien dijo: "Un hombre sabio y perspicaz incluso con poco capital, puede elevarse a sí mismo así como uno puede convertir un pequeño fuego en uno grande.”
Habiendo dicho este verso, continuó, “Oh monjes, no es sólo ahora que he sido un refugio para él, en el pasado, también lo he sido. Anteriormente lo hice poseedor de riqueza material, pero ahora, lo he hecho poseedor de riqueza espiritual. En ese tiempo, Cūlapanthaka era el discípulo de Culasetthi y yo mismo era Culasetthi. Así el Buddha mostró la relación con el pasado.
De nuevo, un día discutían este asunto en la asamblea religiosa, "Hermanos, si bien Cūlapanthaka no fue capaz de dominar un verso de cuatro líneas en cuatro meses, sólo porque él ejerció esfuerzo, se estableció como Arahat y se ha convertido en el poseedor de la riqueza espiritual.” El Maestro al llegar les preguntó: "Monjes, ¿qué están hablando, sentados juntos?” Cuando se le dijo cual era el tema, dijo "Oh monjes, un monje que es extenuante en sus esfuerzos en esta Orden religiosa mía, se convierte en el maestro del Dhamma trascendental." y añadió esta verso.
Con energía, vigilancia, disciplina y auto-control,
que el sabio haga una isla que la correntada no sumerja.
La historia de Kumbhaghosaka, el banquero (Verso 24)
Mientras el Buddha residía en el monasterio de Veluvana pronunció este verso en referencia e Kumbhaghosaka, el banquero.
En una ocasión surgió una epidemia de una plaga en la ciudad de Rājagaha. En la casa del banquero de la ciudad, los sirvientes murieron por causa de esta enfermedad; el banquero y su esposa también fueron atacados por la enfermedad. Cuando ambos estaban infectados le dijeron a su hijo Kumbhaghosaka que los dejara y huyera de la casa y que no regresara sino habiendo pasado mucho tiempo. También le informaron que en tal y tal lugar habían enterrado tesoros de gran valor.
El hijo dejó la ciudad y estuvo en el bosque por doce años y luego regreso a la ciudad. EN ese tiempo, él ya había crecido y nadie en la ciudad lo reconoció. Fue al lugar donde estaba enterrado el tesoro y lo encontró intacto. Pero se dio cuenta de que no había nadie en el pueblo que lo reconocería y por eso, si desenterraba el tesoro y hacía uso de él, la gente podría pensar que un hombre joven pobre había, accidentalmente, encontrado el tesoro y se lo reportarían al rey. En este caso sería confiscado el tesoro y él sería encerrado. Así concluyó que no era el tiempo adecuado para desenterrar el tesoro y que por mientras lo mejor era encontrar un trabajo para sobrevivir. Vestido en ropas viejas Kumbhaghosaka buscó un trabajo. Se le dio el trabajo de levantarse temprano y anunciar a la gente que era la hora de levantarse para preparar comida, tiempo para traer las carretas y uncir al ganado.
Una mañana, el rey Bimbisāra lo escuchó. El rey quien era un conocedor de las voces, dijo, “Esa es la voz de un hombre de gran riqueza.” Una sirviente, escuchando el comentario del rey, envió a alguien para que lo investigara. Él le reportó que el joven era sólo era un peón para labores. A pesar de este reporte, el rey repitió su observación en dos días seguidos. De nuevo, se hicieron investigaciones pero con el mismo resultado. La sirviente pensó que era muy extraño, así que pidió permiso al rey para investigar personalmente el asunto. Disfrazada de una pueblerina ordinaria ella y su hija fueron al lugar donde vivían los peones. Diciendo que eran viajantes, preguntaron por un refugio y fueron acomodadas en la casa de Kumbhaghosaka sólo por una noche. Sin embargo, ellas se las arreglaron para alargar su estancia ahí.
Durante ese periodo, dos veces el rey proclamo que una ceremonia sería realizada en la localidad de los peones y que cada dueño de casa debía hacer contribuciones. Kumbhaghosaka no tenía listo dinero para tal ocasión. Así que fue forzado a ir por algunas monedas de oro de su tesoro. Como estas monedas fueron entregadas a la sirviente del rey, ella las sustituyó con su propio dinero y envió las monedas al rey. Después de un tiempo, ella envió un mensaje al rey pidiéndole que enviara unos hombres y mandara llamar a Kumbhaghosaka a la corte. Kumbhaghosaka, renuente, fue llevado por los hombres. La sirviente del rey junto con su hija se adelantaron a ir al palacio.
Ya en el lugar, el rey le dijo a Kumbhaghosaka que dijera la verdad y así no sería lastimado. Kumbhaghosaka entonces admitió que esas monedas eran de él y que también él era el hijo del banquero de Rājagaha, quien murió en la epidemia de la plaga doce años atrás. Luego, reveló el escondite del tesoro. Subsecuentemente, el tesoro fue desenterrado y llevado al palacio, el rey nombró a Kumbhaghosaka banquero y le dio a una de sus hijas para que se casara con ella. Después de eso, el rey fue a ver al Buddha al monasterio de Veluvana llevando con él a Kumbhaghosaka y le contó al Buddha como el muchacho se ganaba la vida como peón aunque era rico y como él lo había nombrado banquero.
Luego el Buddha pronunció este verso:
Crece la gloria de aquel que es enérgico,
atento, puro en conducta, reflexivo, controlado,
con recto modo de vida, vigilante.
La historia de Sāmāvati (Versos 21, 22 y 23)
Mientras residía en el monasterio de Ghosita cerca de Kosambi, el Buddha pronunció estos tres versos en referencia a Sāmāvati, una de las esposas principales del rey Udena de Kosambi.
En la ciudad de Bhaddāvati vivía un tesorero llamado Bhaddavatiya y era amigo del tesorero Ghosaka aunque Ghosaka nunca lo había visto. Él recibía información de su riqueza y edad de parte de comerciantes que venían de Bhaddāvati, y deseando que fueran amigos le envió un presente. Por lo tanto aunque nunca se habían visto, ellos vivieron como amigos.
Después de un tiempo, una enfermedad intestinal surgió en la casa del tesorero Bhaddavatiya. Cuando surgió esta enfermedad, lo primero que murió fueron las moscas; después, en orden murieron insectos, ratones, gallinas, cerdos, ganado, esclavos hombres y mujeres y por último, todos los miembros de las familias. Sólo aquellos que derribaron muros y huyeron, salvaron su vida. Ahora, en ese tiempo el tesorero Bhaddavatiya, su esposa e hija huyeron e intentaron buscar al tesorero Ghosaka siguiendo el camino hacia Kosambi. Mientras ellos aun estaban en el camino, las provisiones que llevaban para el camino se agotaron, y sus cuerpos comenzaron a decaer por la exposición al viento y el sol, al hambre y la sed. Llegando a Kosambi con dificultad, se bañaron en una poza de agua en un lugar agradable y luego entraron a una casa de descanso en la entrada de la ciudad.
El tesorero le dijo a su esposa, “Esposa, aquellos que viajan de esta manera no son corteses ni con una madre que ha dado a luz a un niño. Pero tengo un amigo quien dicen, gasta mil piezas de dinero diariamente en caridad para los ciegos, los pobres y otras personas desafortunadas. Enviaremos a nuestra hija con él para que nos traiga comida, refresquemos nuestro cuerpo uno o dos días y luego iremos a ver a mi amigo.” “Muy bien esposo.” contestó ella y se instalaron en la casa de descanso.
En el siguiente día, cuando la hora de la comida fue anunciada y los ciegos, los pobres y los desafortunados fueron por comida, la madre y el padre enviaron a su hija diciéndole, “Hija, tráenos comida.” Así que la hija de de la casa adinerada supero su orgullo con su infortunio, escondió su pena, tomó el tazón y fue por la comida.
“¿cuántas porciones quieres?” le preguntaron a ella. “Tres,” contestó. Así que le dieron tres porciones. Allá llevó la comida con sus padres y los tres se sentaron a comer juntos. La madre y la hija le dijeron al padre, “Señor, el infortunio le llega incluso a las familias prominentes, coma sin preocuparse por nosotras.” Así lo incitaron para que comiera, pero después de comer él fue incapaz de digerir la comida y cuando el sol surgió murió. La madre y la hija se lamentaron y lloraron.
En el siguiente día, la muchacha fue por segunda vez por comida. “¿Cuántas porciones quieres?” “Dos.” Llevó la comida de regreso con su madre y la incitó a comer. La madre cedió a su súplica y consintió comer. Pero murió ese mismo día. La muchacha, ahora sola, lloró y se lamentó de la desgracia que había caído en ella.
En el siguiente día, ella fue llorando por comida en compañía de los mendigos. “¿Cuántas porciones quieres?” “Una,” ella contestó.
Un jefe de familia llamado Mittā, recordando que ella había recibido comida por tres días, le dijo, “Por fin hoy has llegado a reconocer la capacidad de tu estómago.” La hija de la familia respetable, modesta y tímida, sintió como si hubiera recibido una estocada en el pecho, o como si agua salada hubiera sido rociada en una herida. Ella inmediatamente dijo, “¿Qué quiere decir, señor.” “Anteayer, llevaste tres porciones, ayer dos y hoy llevas una. Entonces hoy sabes la capacidad de tu estómago”. “Señor, no piense que tome todo el alimento para mi sola,” “Entonces, ¿por qué te llevaste esa comida?” “Señor, anteayer éramos tres, ayer éramos dos y hoy me he quedado sola.”
“¿cómo es eso?” preguntó él.
Luego, ella le contó toda la historia desde el principio. Mientras él escuchaba la historia, fue incapaz de controlar sus lágrimas, ya que la pena lo invadió. Finalmente le dijo a ella, “Mi querida niña, si ese es el caso, no te preocupes. Hasta ahora has sido la hija del tesorero Bhaddavatiya, pero a partir de hoy serás como mi propia hija.” La besó en la cabeza, la llevó a su propia casa y la adoptó como si fuera su hija mayor.
Un día, ella escuchó gritos fuertes y desgarradores en el comedor, luego le dijo a su padre adoptivo, “Padre, ¿por qué no haces que esta gente guarde silencio mientras repartes el alimento?” “Es imposible de hacerlo querida hija.” “Padre, es muy posible que se pueda.” “Querida hija, ¿cómo lo harías tú?” “Padre, ponga una cerca alrededor del comedor y ponga dos puertas una para entrar y otra para salir permitiendo sólo el espacio para que pueda pasar sólo una persona a la vez. Si hace así, ellos recibirán sus alimentos en paz y silencio.” Cuando el dueño de casa escucho su plan le dijo, “Querida hija, es una estrategia buena,” e hizo lo que ella sugirió. Ahora, su nombre hasta ese día era Sāmā, pero por la construcción de la cerca recibió el nombre de Sāmāvati. Y a partir de ese día no hubo más tumultos en el comedor.
Ahora, el tesorero Ghosaka, acostumbrado y complacido de escuchar ruido en el comedor, ya que pensaba, “Ese es el ruido de mi comedor,” cuando no escuchó más ruido por dos o tres días, le preguntó a Mittā “¿Acaso se está dando alimento a los ciegos, los pobres ya los desafortunados?” “Sí señor.” “Entonces, ¿cómo es que por dos o tres días en el pasado no he escuchado ni un ruido?” “He hecho unos arreglos para que la gente reciba sus alimentos sin hacer ruido.” “¿Por qué no lo hizo antes?” “No sabía como, señor.” “Entonces, ¿cómo fue que ideaste para resolver ahora?” “Mi hija me enseñó como hacerlo, señor.” “¿Acaso tienes una hija que nunca he visto?” Luego el dueño de casa le contó toda la historia acerca del tesorero Bhaddavatiya comenzando con la llegada de la plaga y terminando con la adopción de la muchacha como su propia hija mayor.
Entonces, le dijo el tesorero a él, “Si ese es el caso, ¿por qué no me lo dijo? la hija de mi amigo es mi propia hija.” Así que él envió por ella y le dijo, “Querida hija, ¿eres la hija del tesorero?” “Sí señor, lo soy.” “Bueno, entonces no te preocupes, tu eres mi propia hija.” Luego la besó en la cabeza y le dio un séquito de quinientas mujeres y la adoptó como su propia hija.
Un día un festival fue proclamado en la ciudad. En este festival, hijas de familias respetables, quienes no salían ordinariamente, salieron a pie con su séquito y se bañaron en el río. Ese mismo día también iba Sāmāvati con su séquito al río a bañarse. El rey Udena parado en su ventana la vio. “¿Quiénes son aquellas muchachas graciosas, de quién son hijas?” él preguntó. “Su majestad, es la hija del tesorero Bhaddavatiya y su nombre es Sāmāvati.” Luego, el rey condujo a Sāmāvati hasta el palacio real y la elevó como reina consorte.
También otra muchacha gano el lugar de consorte principal del rey. Ella era Māgadiya quien había sido rechazada una vez por el Buddha cuando el padre de ella lo buscó como esposo para su hija. Después de que se convirtió en consorte principal, se enteró de que la otra consorte principal Sāmāvati era una ferviente seguidora del Buddha. Así que planeó usarla para vengarse del Buddha lastimándola a ella y a sus doncellas. Māgandiya le dijo al rey que Sāmāvati y sus servidoras habían hecho agujeros en el muro de sus habitaciones y que le estaban siendo infieles. El rey Udena vio los hoyos en el muro, pero cuando el asunto fue explicado, él ya no se enojó.
Māgandiya continuó después tratando de convencer al rey de que Sāmāvati trataba de matarlo. Una vez Māgandiya metió una serpiente en un laúd y cubrió el agujero con flores. La serpiente salió y el rey se puso furioso. Ordenó que Sāmāvati se parara ella y todas sus sirvientes con ella. Luego, sacó su arco y dispuso una flecha y disparo, pero Sāmāvati y sus acompañantes no tuvieron mala voluntad contra el rey sino lo contrario y por el poder de metta, la flecha no dio en su objetivo. El rey se dio cuenta de la inocencia de Sāmāvati y le dio permiso de invitar a el Buddha y sus discípulos al palacio para dar ofrecimientos y recibir enseñanzas.
Māgandiya, dándose cuenta que ninguno de sus complots había funcionado, hizo un plan infalible. Mando a un tío ella la instrucción de que fuera al palacio de Sāmāvati y prendiera fuego a todo el edificio con todas las mujeres dentro. Sāmāvati y sus damas de compañía, avanzadas en los logros camino espirituales, continuaron meditando a pesar del peligro. Todas perecieron por el fuego.
El rey sospecho que había sido obra de Māgandiya pero él no mostró sus sospecha, sino que pretendió estar muy complacido con ella y dijo que le concedería una gran favor y honor a sus parientes. Así que sus parientes fueron llamados y vinieron gustosos. Cuando llegaron al palacio, todos ellos incluyendo a Māgandiya fueron aprendidos y sentenciados a muerte en el patio.
Cuando se le informo al Buddha de lo ocurrido, él dijo los siguientes versos:
La vigilancia es el camino a la no muerte. La negligencia es el camino a la muerte. Los vigilantes no mueren. Los negligentes son como muertos.
Meditando constantemente, siempre perseverando, los sabios tocan el Nibbāna, el incomprensible sosiego de las ligaduras.
Crece la gloria de aquel que es enérgico, atento, puro en conducta, reflexivo, controlado, con recto modo de vida, vigilante.