1 - El Buddha

El Buddha como refugio puede ser considerado en primer lugar. En un nivel, la palabra Buddha se refiere a una figura particular, al hombre Siddhartha Gotama, quien habitó en la India, en el siglo V a.C.

Cuando nos refugiamos en el Buddha, nos refugiamos en esta persona, porque es el maestro del Dhamma y el fundador histórico del buddhismo. Aún así, no nos refugiamos en él estrictamente como persona, sino como el Iluminado; situación que tiene un significado que trasciende los límites de la experiencia empírica y el hecho histórico.

Lo que permite que el Buddha constituya un refugio entonces, es su actualización como realización supramundana, siendo ésta el estado de buddheidad o perfecta iluminación a la que han arribado otras personas en el pasado y al que arribarán otras en el futuro. Todos aquellos que alcancen ese estado, serán Buddhas.

Cuando nosotros tomamos refugio en el Buddha, confiamos en él como un refugio porque encarna en sí mismo esta realización. Es su buddheidad lo que hace al Buddha un refugio. Pero ¿qué es la buddheidad del Buddha? De manera concisa, la buddheidad del Buddha es la suma total de las cualidades alcanzadas por la persona llamada Gotama, resumidas en el abandono de todos los defectos y la adquisición de todas las virtudes.

Los defectos abandonados tienen relación con las impurezas (kilesa), junto con sus impresiones residuales (vāsanā).

Las impurezas son las fuerzas mentales que nos afligen y que causan la corrupción interna y la perturbación, motivando acciones insanas. Los principales elementos de esas impurezas son la avidez, el odio y la ignorancia. De éstas se derivan todas las impurezas secundarias.

Como se mencionó anteriormente, estas impurezas han sido totalmente abandonadas por el Buddha; totalmente, porque no queda remanente alguno de ellas; completamente, porque cada una de ellas ha sido destruida de raíz, sin dejar residuos y definitivamente, porque no volverán a aparecer en el futuro.

Las virtudes alcanzadas por el Buddha son numerosas, destacando entre ellas, su gran sabiduría (mahāpaññā) y su gran compasión (mahā-karuṇā).La gran sabiduría del Buddha posee dos aspectos: la amplitud y la profundidad de su visión.

A través de la amplitud de su sabiduría entiende la totalidad de los fenómenos existentes y, a través de su profundidad, entiende el modo preciso de la existencia de cada fenómeno.

La sabiduría del Buddha no permanece solamente en la contemplación pasiva, sino que se extiende a la gran compasión, trabajando por el bienestar de otros. El toma sobre sí mismo la pesada carga de trabajo por el bien de los seres vivientes, activa denodadamente con el objeto de conducirnos hacia la liberación del sufrimiento.

Así, cuando buscamos el refugio en el Buddha, recurrimos a él como la representación suprema de la pureza, sabiduría y compasión; como al maestro incomparable que puede guiarnos hacia la seguridad, lejos de los peligros del océano del ciclo.